Las luces se apagan:
Entre penumbras se distinguen
Nuestras perdidas figuras.
De rodillas y a ciegas
Buscamos la mano amiga,
La mano hermana,
Y nos lastimamos las palmas
Asiendo rocas en el suelo.
Nos sujetamos para no alejarnos,
Para sentirnos presentes,
Para no tener miedo otra vez;
Pero entonces tropezamos:
Con la piedra siempre sospechada,
Con la piedra siempre temida,
Con la piedrecilla incomprendida;
Nos volvemos a levantar.
Recogemos esa piedra,
La guardamos en un bolso
Y seguimos avanzando...
Hasta que volvemos a caer:
Recogemos otra vez,
Guardamos otra vez,
Avanzamos otra vez;
Y el bolso parece nunca pesar.
Caminamos con paso decidido
(A pesar de las caídas)
Pero sin caer en cuenta
Que nuestro bolso está roto.